Capitulo: 3
Solté un suspiro
y baje del coche, cogí la mochila y empecé
a andar mientras intentaba en vano encontrar las llaves del coche, ¿Dónde mierda
están? Conseguido, lo cerré a distancia y llame al timbre de la puerta. Sé que
hay alguien en casa y no quería embarcarme en otra búsqueda de llaves. La puerta se abre, es Susan con una
espectacular sonrisa ¿Qué esta tremando esa mala pécora? La esquivo a ella y a
sus encantadoras preguntas de: ¿Qué tal el día? ¿Has estudiado mucho? ¿Cómo esta
Miriam? Uff insoportable. Subo hasta mi habitación, orgullosa de la fantástica mirada
de horror que Susan expresa ante mi indiferencia.
Lanzo la
mochila a la cama, ahora voy yo, estoy un par de minutos sin hacer nada,
mirando al techo, ¿Cuándo llegaran los dichosos alienígenas? Suspiro y me doy
cuenta de algo ¿Qué hacían todas esas cajas de embalar en casa ¿No se mudara
Susan? Pero que digo si ya vive aquí, ¿Se va?, ¡SE VA! Me levanto de un salto y
corro hacia el salón, doy un par de traspiés en las escaleras pero consigo
equilibrarme. Las cajas ocupan todo el pasillo, tal vez son demasiadas solo
para ella, mi sexto sentido empieza a sospechar algo, enseguida desecho la
idea, mi sexto sentido a veces es imbécil y me juega malas pasadas. Llego al salón,
mi padre junto a una caja llena de figuras y cuadros, guarda una jirafa de madera
y un buda de cristal.
-¿Qué haces?-
pregunto alarmada, mi sexto sentido me asusta cada vez mas con sus hipótesis- ¿Por
qué guardas las figuritas de mamá?
-Colette, no
te había oído entrar- dice dejando las figuritas de nuevo en la cómoda- Siéntate,
tengo una buena noticia.
Le obedezco
aunque tengo el ceño fruncido, que está pasando, el también se sienta, pero en
un sitio distinto, Aparece Susan y se coloca junto a él, de pie. Mi sexto
sentido cada vez inaugura algo peor, sonríen ambos, no pueden haber roto, sino
no sonreirían, todas las demás posibilidades que se me ocurren son horribles.
-Recuerdas lo
triste que estabas cuando nos mudamos aquí ¿verdad?- comienza mi padre.
Parece un
poco imbécil, no iba a estar triste, mi madre había muerto de repente y mi
padre me alejo de todo lo que conocía, de todo lo familiar y acogedor que tenia
por la absurda inquietud de que me deprimiera más.
-Hemos
decidido, Susi y yo- ¿hemos? Eso suena a
ha decidido Susi algo horrible para ti ja-ja-ja
frustrante- Que deberíamos volver
a casa, para que no te parezca que haya que huir de los problemas- no podía hablar
me había quedado petrificada- No vendí
el adosado en el que vivíamos, podremos volver sin problemas, ya lo
hemos organizado todo, nos iremos el próximo domingo, o sea dentro de dos días.
-¡¿Qué?! –
fue lo único que supe decir.
-Se que ahora
puede resultar un poco difícil de aceptar, pero creo que será lo mejor.
-¿Lo mejor?-
no me atreví a decir nada más, si hubiera consentido que mis labios
pronunciasen palabras, solo serian insultos
y maldiciones. Me levante rápidamente del sofá y fui hacia mi habitación, no corrí,
solo ande, no me refería a esto cuando pedí algo interesante joder.
Me tire de
nuevo en la cama, me quede dormida enseguida, la frustración que sentía en ese
momento lo permitió. No desperté hasta el día siguiente, todo parecía un sueño,
pero cuando baje a desayunar las cajas seguían allí, algunas llenas, otras a
medio llenar y muy pocas vacías. ¿Cómo se le pudo ocurrir esta locura a mi
padre? ¡Maldita Susan! Ella tiene la culpa de todo.
-Buenos días Colette-
me saludo Susan.
-Lo serán para
ti- me dedico una mirada de soslayo, no lo había oído.
Cogí una taza
de café y me serví un poco, no eche leche, solo tres cucharadas de azúcar para
que no fuese tan amargo. Me senté a la mesa junto a Susan que inevitablemente
inicio un conversación.
-¿Estas
contenta de que nos mudemos Colette?
-Ah ¿pero tú
también bienes?- apunte con desdén. Ella me ignoro, como si no lo hubiera
escuchado.
-Tu padre ha
ido a hablar con el director de tu colegio para terminar de organizar tu
traslado.
-¿En sábado?-
me levante hacia la encimera, el café estaba demasiado amargo, cogí más azúcar y
dos cucharadas mas para el café.
-Si- Susan
asintió- Nos mudamos mañana tenía que terminar el traslado ya.
El café estaba
imposible, otras veces no era tan amargo, tal vez era yo la amargada. Lo deje
encima de la mesa y me dirigí fuera de la cocina.
-¡Quieres que
te ayude a empaquetar tus cosas!- grito Susan desde la cocina cuando yo ya andaba
por el pasillo.
-¡No! ¡Yo
puedo sola!- le conteste si dejar de andar.
-¡Esta bien!
¡Tus cajas están en la puerta!
Cogí las cajas, aun estaban plegadas y no me costó
nada subirlas arriba, lo difícil será bajarlas.
Alienígenas
aun estáis a tiempo de venir en vuestro ovni con colores relucientes sacarme de
aquí y conquistar el país, el mundo, el universo y nombrarme vuestra única y
leal reina.
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